Pestañas

02 septiembre, 2010

Mirando a la división del trabajo y la comunicación desde la perspectiva del organismo social: ¿comunicaciones más sofisticadas significan mejor integración?

Gabriel Moreno (Guadalajara) . - Esta entrada tiene el propósito de reflexionar sobre la medida en que elementos de la sociología comunicacional son útiles para entender prácticas humanas contemporáneas y explorar la producción de formas simbólicas que sirvan de fundamento para promover relaciones sociales más justas y equitativas. Después de todo, si los hombres formamos parte de un gran organismo social – una visión desarrollada por la sociología del siglo diecinueve –, es factible pensar que los sofisticados sistemas de comunicación que existen hoy en día pueden llevar a una integración más sólida de las diferentes partes que lo componen.

Hay evidencia para pensar en la sociedad mexicana como un organismo social. Se tiene que la división del trabajo – formulada por Adam Smith en el siglo dieciocho – sigue siendo un principio de organización que al combinarse con las plataformas de información y canales de comunicación existentes permiten optimizar el aprovechamiento de los recursos humanos en el país. Por ejemplo, hasta julio del 2010, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 16% de la población económicamente activa (PEA) no había completado la primaria, 21.33% sí la había completado, 33.43% contaban con instrucción secundaria, mientras que 29.21% había recibido un nivel de instrucción medio superior y superior (INEGI, 2010). Sabemos además que hasta julio de este año había en el país 44.65 millones de personas económicamente activas, y ocupadas en una variedad de sectores económicos que incluyen al comercial, de la construcción, de servicios turísticos, educativos, financieros, científicos, etc. (INEGI, 2010a).

La idea aquí es que el nivel de detalle existente sobre los recursos humanos del país nos permite obtener una perspectiva amplia de la división laboral. En el pasado la comunicación, en la forma de diferentes tipos de rutas de transporte (ej. marítimas y terrestres), permitió organizar el trabajo colectivo, estimulando así el crecimiento económico y el progreso que en principio puede contribuir a la existencia de poblaciones donde existan altos niveles de satisfacción a nivel de las familias y los individuos (Begg et al., 2000: 512). Esto puede tomarse como punto de partida para valorar la medida en que tecnologías de información y comunicación existentes pueden servir, por ejemplo, para lograr que parte de los 2.48 millones de la PEA desocupada pase a las filas de la PEA ocupada.

En la actualidad es viable pensar que el acceso a Internet y a la telefonía celular puede potenciar la factibilidad de que un individuo cualquiera pueda ubicar un empleo con facilidad. Cualquier persona que tenga un conocimiento básico en el uso de una computadora puede acceder a listas de empleos que presentan oportunidades de trabajo por ubicación geográfica, actividad, salarios, etc. Incluso personas que no tienen domicilios fijos hoy pueden ser contactadas por celular. Hasta el momento 43% de la población en el país tiene acceso a la telefonía móvil, pero el mercado de celulares crece 22% anualmente, por lo que puede pensarse que cada vez serán menos los excluidos (Budde.com, n/d).

Por supuesto que sería iluso pensar que la innovación tecnológica es la panacea para los problemas de desempleo en el país, pero de entrada, esta reflexión es una línea de salida para seguir explorando la noción del organismo social como un concepto útil para la sociología de la comunicación.