Pestañas

03 junio, 2011


Julian Assange bajo la lupa del análisis estratégico.

Cuando leí las metodologías de análisis social que expone Gauthier, fui recordando con cada una, diferentes sucesos contemporáneos, sin embargo en el análisis estratégico la correlación fue inmediata, los cables de la página wikileaks y el posterior encarcelamiento de su editor en jefe han generado demasiada polémica, las supuestas filtraciones de documentos expuestos por esta página nos llevaron a presenciar en los noticieros estelares el seguimiento de la noticia así como a estar atentos del futuro de Assange, y fuera de la necesaria valoración de si los cables son verídicos o falsos, es innegable que este personaje se convirtió rápidamente en foco de atención para los MMC.

2 momentos clave que propiciaron el escándalo:

· En Abril del 2010 wikileaks publica un video en que por disparos estadounidenses 11 iraquíes fueron asesinados, cuestionando así la versión oficial ofrecida por el Ejército de los Estados Unidos que explicaba de manera muy diferente los decesos.

· El 28 de Noviembre del 2010 (la controversia alcanzó un punto de inflexión), según el periódico español “El país” en su versión online, mas de 250,000 documentos fueron publicados; de ser verídicas estas filtraciones serian de gran trascendencia, puesto que revelarían detalles acerca de campañas bélicas y diversos conflictos diplomáticos que enfrentan actualmente algunos países, aparte de que pondrían en evidencia prácticas y acuerdos de las embajadas y el Departamento de Estado estadounidense que no eran conocidas hasta la publicación de los cables.

De acuerdo a Gauthier dentro de los debates políticos el análisis estratégico se utiliza para la adhesión del público a algunas de las partes, y aunque las confrontaciones que ha tenido Assange con diversos gobiernos no se han presentado propiamente a manera de debates, la descripción de Gauthier sirve también para entender como cada una de las partes envueltas en este acontecimiento ha movido sus cartas. A la ola de documentos que el portal difundió, le siguió una concatenación de reacciones por parte de los países afectados (entre ellos, por supuesto México), sin embargo en una especie de treta morbosa Assange fue acusado de violación (o al menos así se tradujo en los medios) en Suecia, curiosamente en uno de los países con leyes más estrictas al respecto. Lo que es realmente lamentable es que la noticia recorrió en un par de horas el globo y la mayoría de las personas recibieron el mensaje incorrecto, se necesitan solo unos cuantos clicks para percatarse de que las relaciones sexuales fueron llevadas con consentimiento de las partes y que las vicisitudes se presentaron en lo relativo al manejo de la anticoncepción (un condón roto, una relación sin protección); de acuerdo a Reuters lo que al principio deseaban las dos mujeres que habían estado con él en 2 distintas fechas de Agosto del 2010 era buscarlo para por ley someterlo a pruebas de laboratorio en busca de enfermedades de transmisión sexual.

“Se ataca a un oponente en cierto punto bien preciso, ya sea una de sus ideas, ya sea su conducta”.- Gilles Gauthier.

Lo anterior parece la trampa perfecta para sabotear la imagen de una persona que había comenzado a ser el Robin Hood del ciberespacio. Por supuesto que Assange ha respondido, pero sus justificaciones no son tan difundidas como lo son sus errores y supuestos tropiezos, si se le busca en youtube o en el buscador por excelencia Google, la situación se equilibra un poco, podemos encontrar entrevistas, ensayos y decenas de links que revelan opiniones de ambos polos. Por el momento Assange ha recibido el premio de la Fundación para la Paz en Sidney, se encuentra aún en libertad condicional y en el mejor de los casos planeando su estrategia.

Personalmente creo que los cables de wikileaks pertenecen a las conocidas “Teorías de conspiración” que no necesariamente terminan siendo ciertas, al menos en el caso de México nos dejan donde mismo y quizá más paranoicos. Sin embargo el caso recobra una nueva dimensión ante las reacciones del gobierno de los Estados Unidos (por ejemplo), que los ha desmentido desde un principio, pero cuyo comportamiento al respecto pareciera excesivo ante lo que según ellos es un “simple difamador”


Ana Ramírez

02 junio, 2011

TELEVISIÓN, POLÍTICA Y MINORÍAS.

La existencia de una relación entre televisión y política no es ni en lo mínimo cuestionable.

Un caso que plantea José María San Martí (1992) en Estudios sobre la televisión, es el de la Guerra Fría, cuando a partir de 1947, la televisión fue un medio ideal para mostrar claramente las diferentes ideologías del momento: occidental-capitalista o soviético-socialista; aunque la razón, curiosamente, estaba siempre de un solo “lado”. Aparecer en la televisión comenzó a ser requisito para existir políticamente, ya que, las audiencias eran futuros electores. La Guerra del Golfo tuvo una sola versión oficial: la mediática. En el siguiente siglo la relación entre la política y la televisión no ha cambiado.

Posicionamiento

En la actualidad, a cualquier persona le es cotidiano conocer a los próximos diputados, senadores, alcaldes, y candidatos a presidentes del país, por medio de la televisión. Este medio ha pasado de comunicar política, a politizar gran parte de lo que se transmite en ella. Claro, mientras a las televisoras les siga siendo redituable, o al menos conveniente, vender tiempo en sus transmisiones a determinados partidos políticos. Recordemos que, tras la cláusula de la ley electoral que obliga a los medios masivos – televisión y radio – a transmitir por cada hora, tres minutos de spots publicitarios de partidos políticos y del IFE, los mass media emprendieron una batalla. Gran golpe para ellos porque al reglamentarla, no podrían vender a carta abierta sus espacios publicitarios, mucho menos cuando el programa tiene un alto nivel de audiencia. Fue el caso tan sonado en febrero del 2009 en que, TELEVISA y TV AZTECA se negaron a interrumpir cuatro partidos de futbol para cumplir la ley.

Empresas privadas generan opinión pública

En México, tras la privatización de IMEVISIÓN (1993), fue inevitable el duopolio entre la establecida TELEVISA y la entonces pequeña TVAZTECA. Esto explica que muy pocos ciudadanos sepan, o noten, por ejemplo, que en el 2005 México tenía 730 canales de televisión, pues curiosamente, ocho de cada diez concesiones para operar la televisión están en manos de mencionada copla (VIDAL, 2008, 71). Estas televisoras fuera de generar programación cada vez más diversificada y de mayor calidad en razón de la competencia, pareciera que organizan juntas su programación, homogeneizando los discursos y los contenidos.

Lo innegable es que la televisión mexicana está plagada de intereses económicos y políticos. Los primeros le permiten a los mass media, como la televisión, además de ser autosustentables y remunerados muy convenientemente – principalmente por medio de la venta de publicidad –, poder ser un poco menos susceptibles al autoritarismo en cuanto a la libertad de expresión, situación muy característica de los medios de comunicación en América Latina. Y los segundos han sido los preferidos del llamado clientelismo, le han apostado más a la nota a favor del candidato, o mínimo no en contra. Si los medios televisivos aprenden a relacionarse convenientemente con los futuros funcionarios, ellos podrán posteriormente pedirle uno que otro favor ya que estén en el mando.

La televisión tiene un poder especial para legitimar u oficializar las versiones que se transmiten en sus canales, sea lo que sea; pero claro, también para vincular, transmitir cultura, revelar faltas del gobierno, exigir mejoras, generar el debate, y sobretodo tienen el poder de concientizar a la sociedad sobre tal o cual tema, o incluso poner una temática en la boca de muchos. Pero desgraciadamente todas estas influencias positivas han sido desperdiciadas por el gran abanico de intereses o conveniencias propias de las televisoras que llegan a olvidar su categoría de medios masivos de comunicación, olvidando a las minorías desfavorecidas que son constantemente aisladas tanto de la toma de decisiones en la programación en la agenda televisiva, como de la inclusión de ellas en los discursos, pero explotadas cuando se les ve como un posible voto a favor.

Fuentes consultadas:

SAN MARTÍ, José M. (1992), “Los nuevos agentes políticos en la comunicación televisiva”, en Estudios sobre la televisión, Editorial Paidós, México, 81-109.

VIDAL B., Francisco. (2008), Los dueños del cuarto poder, Editorial Planeta, México.