La existencia de una relación entre televisión y política no es ni en lo mínimo cuestionable.
Un caso que plantea José María San Martí (1992) en Estudios sobre la televisión, es el de la Guerra Fría, cuando a partir de 1947, la televisión fue un medio ideal para mostrar claramente las diferentes ideologías del momento: occidental-capitalista o soviético-socialista; aunque la razón, curiosamente, estaba siempre de un solo “lado”. Aparecer en la televisión comenzó a ser requisito para existir políticamente, ya que, las audiencias eran futuros electores. La Guerra del Golfo tuvo una sola versión oficial: la mediática. En el siguiente siglo la relación entre la política y la televisión no ha cambiado.
Posicionamiento
En la actualidad, a cualquier persona le es cotidiano conocer a los próximos diputados, senadores, alcaldes, y candidatos a presidentes del país, por medio de la televisión. Este medio ha pasado de comunicar política, a politizar gran parte de lo que se transmite en ella. Claro, mientras a las televisoras les siga siendo redituable, o al menos conveniente, vender tiempo en sus transmisiones a determinados partidos políticos. Recordemos que, tras la cláusula de la ley electoral que obliga a los medios masivos – televisión y radio – a transmitir por cada hora, tres minutos de spots publicitarios de partidos políticos y del IFE, los mass media emprendieron una batalla. Gran golpe para ellos porque al reglamentarla, no podrían vender a carta abierta sus espacios publicitarios, mucho menos cuando el programa tiene un alto nivel de audiencia. Fue el caso tan sonado en febrero del 2009 en que, TELEVISA y TV AZTECA se negaron a interrumpir cuatro partidos de futbol para cumplir la ley.
Empresas privadas generan opinión pública
En México, tras la privatización de IMEVISIÓN (1993), fue inevitable el duopolio entre la establecida TELEVISA y la entonces pequeña TVAZTECA. Esto explica que muy pocos ciudadanos sepan, o noten, por ejemplo, que en el 2005 México tenía 730 canales de televisión, pues curiosamente, ocho de cada diez concesiones para operar la televisión están en manos de mencionada copla (VIDAL, 2008, 71). Estas televisoras fuera de generar programación cada vez más diversificada y de mayor calidad en razón de la competencia, pareciera que organizan juntas su programación, homogeneizando los discursos y los contenidos.
Lo innegable es que la televisión mexicana está plagada de intereses económicos y políticos. Los primeros le permiten a los mass media, como la televisión, además de ser autosustentables y remunerados muy convenientemente – principalmente por medio de la venta de publicidad –, poder ser un poco menos susceptibles al autoritarismo en cuanto a la libertad de expresión, situación muy característica de los medios de comunicación en América Latina. Y los segundos han sido los preferidos del llamado clientelismo, le han apostado más a la nota a favor del candidato, o mínimo no en contra. Si los medios televisivos aprenden a relacionarse convenientemente con los futuros funcionarios, ellos podrán posteriormente pedirle uno que otro favor ya que estén en el mando.
La televisión tiene un poder especial para legitimar u oficializar las versiones que se transmiten en sus canales, sea lo que sea; pero claro, también para vincular, transmitir cultura, revelar faltas del gobierno, exigir mejoras, generar el debate, y sobretodo tienen el poder de concientizar a la sociedad sobre tal o cual tema, o incluso poner una temática en la boca de muchos. Pero desgraciadamente todas estas influencias positivas han sido desperdiciadas por el gran abanico de intereses o conveniencias propias de las televisoras que llegan a olvidar su categoría de medios masivos de comunicación, olvidando a las minorías desfavorecidas que son constantemente aisladas tanto de la toma de decisiones en la programación en la agenda televisiva, como de la inclusión de ellas en los discursos, pero explotadas cuando se les ve como un posible voto a favor.
Fuentes consultadas:
SAN MARTÍ, José M. (1992), “Los nuevos agentes políticos en la comunicación televisiva”, en Estudios sobre la televisión, Editorial Paidós, México, 81-109.
VIDAL B., Francisco. (2008), Los dueños del cuarto poder, Editorial Planeta, México.
Solamente me gustaría compartir con ustedes una gráfica de IBOPE que habla de la cantidad de inserciones publicitarias que hace el gobierno y los partidos políticos. Esto sólo nos arrojará el dato de la cifras oficiales, pero ¿qué hay de las inserciones publicitarias que no son abiertamente publicitarias pero que sí se pagan?
ResponderEliminarhttps://www.ibopeagb.com.mx/biblioteca/anuarioib.php